Agiriak

rss Ezagutzera eman

Iritzi Artikulua

2017/09/15


Un ecosistema de innovación y el fondo soberano vasco

La innovación precisa generar ecosistemas frente a la apuesta dpor empresas concretas y de un fondo tractor que además evite la deslocaclizción y la pérdida de los centros de decisión. Gamesa, ITP, Ticketbis o Arcelos son el ejemplo de la realidad


A la hora de elaborar una planificación económica, todo gobernante se enfrenta a la incógnita de saber cuál será el futuro en el que su país tendrá que competir. A día de hoy, y en un país como el nuestro, es imprescindible que quien confeccione las políticas económicas apoye el emprendimiento y las economías basadas en el conocimiento y la innovación. Sin embargo, acertar no es tarea fácil puesto que la innovación no es una técnica lineal y la inversión en ella contiene riesgos. Como ejemplo de lo que digo, es paradigmática la editorial publicada en 1939 por The New York Times ante el debut de la televisión en la Feria Mundial de ese año, donde señalaba que “la televisión nunca será un serio competidor para la radio puesto que la gente debe sentarse y mantener la vista pegada a la pantalla”. Lo dicho: las innovaciones transformadoras son siempre difíciles de predecir.

No obstante, debemos poner el foco en la innovación, que resulta un catalizador de la productividad y genera una competitividad sostenible a largo plazo. Para eso, los gobiernos deben ejercer un papel estratégico en el fomento de la investigación y en las iniciativas que puedan transformar el tejido científico e industrial.

Una de las propuestas para profundizar en lo anterior es la generación de ecosistemas frente a la apuesta por empresas concretas. De hecho, países como Corea, que en los 80 triunfaron apostando por la creación de grandes empresas (Samsung, LG...), hoy en día financian ecosistemas (incubadoras, aceleradoras, parques industriales-tecnológicos etc.).

Para crear este conjunto de ecosistemas, es importante configurar medidas concretas dentro de seis líneas estratégicas:

- Financiación: Debemos generar un entorno con pluralidad de instrumentos para canalizar las inversiones, tales como la toma de participaciones en capital, la garantía recíproca, el gasto público en innovación y desarrollo y, lo que en mi opinión debe potenciarse en Euskadi, los préstamos participativos y un fondo de capital riesgo público.

Esta financiación puede realizarse en diferentes etapas de la vida de una empresa, pudiendo encontrarnos ante: capital semilla que permita desarrollar una idea o un prototipo de producto, rondas de financiación en las que comience la producción comercial y el marketing, el capital de crecimiento o growth capital en procesos de expansión, y el momento de consolidación a través de los procesos de modificaciones estructurales.

Como decía, debemos crear un fondo de capital riesgo público o Fondo Soberano Vasco (FSV) que vehiculice las inversiones estratégicas del país. Este instrumento invertiría, además, con un criterio de Inversión Socialmente Responsable que valore no solo la propia inversión sino la capacidad de esas empresas para realizar cambios en la sociedad, aportando beneficios económicos y sociales. De esta manera, y a diferencia de una inversión cuyo único objetivo es el rendimiento financiero, el retorno se conseguiría a largo plazo en forma de productos o procesos de innovación que permitan el acceso de nuestra economía a nuevos mercados.

En cuanto a la estrategia de inversión del FSV, esta debería enfocarse en los inicios de la financiación o fases semilla y en la consolidación sectorial de empresas, no siendo un mero prestamista. ¿Por qué? Porque manejar una cuota del capital de un proyecto exitoso que se enfrenta a un proceso de compra por parte de inversores extranjeros permitiría atar el centro de decisión de la empresa al país que le ayudó a nacer. Esta cuota de control es más asumible al comienzo de la andadura de una empresa que al llegar a una etapa de madurez.

Aunque la propuesta suponga un esfuerzo altísimo, tenemos agentes en Euskadi, como las fundaciones bancarias, los fondos de las EPSV o la posibilidad de realizar transferencias fiscales para nutrir el fondo soberano. Las experiencias de ITP, Gamesa, Ticketbis o Arcelor Mittal son el ejemplo de la realidad que debemos gestionar, sobre todo si pretendemos convertir Euskadi en un ecosistema emprendedor en vez de en un escaparate de venta de las start-ups o empresas que tengan éxito.

Por lo tanto, la creación del FSV nos permitiría: Contar con un instrumento de financiación para potenciar la innovación y el emprendimiento, dirigiendo el desarrollo industrial hacia lo que estimemos sean ejes estratégico-tecnológicos; y ejercer una minoría de control para que nuestras empresas no sean deslocalizadas ni desplacen sus centros de decisión como consecuencia de un previsible proceso modificación estructural (fusiones o adquisiciones).

- Fiscalidad y regulación. Siguiendo con las acciones de las líneas estratégicas, medidas como las ventajas fiscales para inversores particulares, créditos fiscales en favor de este tipo de inversiones o del gasto privado en innovación y desarrollo son medidas realizables a corto plazo.

- Fomento de la clusterización y los centros en red. Dotar de un espacio físico a ese ecosistema es vital. Para ello, los parques tecnológicos, las redes y asociaciones de capital riesgo, las aceleradoras e incubadoras y los institutos de investigación públicos son elementos centrales. Tras una potente política de clusterización en Euskadi, es tiempo de concentrar los recursos y desatomizar ese sector para ganar en músculo, volumen y competitividad. Debemos tener valor añadido, pero debemos ir pensando en adquirir tamaño. El mundo es muy grande.

- Atracción del talento. Es un tema recurrente, pero faltan medidas concretas. Iniciativas como la aceleradora líder latinoamericana Start Up Chile o los visados para emprendedores son medidas que generan fuerzas atractivas y deben ser imitadas.

- Educación. Debemos introducir la cultura del emprendimiento en el modelo educativo y hacerlo con medidas concretas tales como internships universitarios en start-ups, la orientación de la enseñanza universitaria a las necesidades de nuestras empresas, programas de desarrollo de habilidades inversoras o la introducción de un currículum tecnológico serio en la educación obligatoria.

- Infraestructuras tecnológicas. Hay que pasar de ser ciudades o territorios amables a ser ciudades o territorios inteligentes. Iniciativas como las conexiones a Internet de gran velocidad, recursos de software libres, open data públicos o la creación de living labs o ecosistemas de innovación abiertos son acciones que podemos encarar en el corto plazo y que pueden ensanchar nuestro ecosistema innovador.

En conclusión, debemos apuntalar una economía basada en ventajas competitivas de carácter tecnológico que tenga un horizonte a largo plazo, y ser capaces de ofrecer inversiones atractivas y de valor añadido. Además, se debe intervenir mediante un Fondo Soberano Vasco que sirva tanto como tracción de este proceso como de cortafuego ante los riesgos que enfrenta un territorio que comprometa recursos en crear estos ecosistemas competitivos: la deslocalización y la pérdida de sus centros de decisión. ¡Pongámonos en marcha!

Gure Egileak

Alderdi Eguna 2017
Ostarte Aldizkaria
Jarrai iezaguzu Telegramen